Látex
Material fetiche por excelencia junto al cuero: ceñido, brillante y con una sensación sobre la piel que es media atracción.
El látex compite con el cuero por el puesto de material fetiche más reconocible: ceñido a la piel, brillante y con una sensación al tacto que para mucha gente es media atracción del asunto, incluso antes de que entre en juego cualquier otra práctica. A diferencia del cuero, que envejece y se ablanda, el látex exige un trato casi opuesto: cuanto más nuevo y cuidado, mejor se comporta.
Vestirlo requiere una rutina propia —talco por dentro de la prenda para que resbale sin rasgarse, abrillantador después para el efecto visual característico— que para bastante gente forma parte del ritual tanto como llevarlo puesto. Guardarlo lejos de la luz directa y del contacto con metales alarga su vida considerablemente; sin esos cuidados se degrada mucho antes de lo esperado.
El riesgo que no se ve hasta que aprieta
Un traje completo de látex es prácticamente impermeable al sudor, así que impide que el cuerpo se enfríe por la vía normal. Llevarlo puesto a solas durante horas, o en un ambiente caluroso sin nadie vigilando cómo va la persona por dentro, puede derivar en un golpe de calor sin avisos claros previos. No se lleva sin compañía ni sin controlar el tiempo y la temperatura del espacio donde se usa.
Una alergia que se pregunta antes, no después
Existe alergia al látex natural, y no es infrecuente: preguntarlo antes de prestar o compartir una prenda no es un exceso de precaución, es el paso previo obligado. Quien reacciona al látex suele recurrir a alternativas sintéticas con aspecto parecido. Se combina a menudo con piezas de corsetería para reforzar la silueta, y comparte estante con el leather como los dos materiales de referencia del fetiche textil.