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Masoquismo

Disfrute erótico al recibir dolor o sensación intensa de forma buscada y controlada. La M de BDSM.

Revisado el

Confundir masoquismo con «aguantar dolor» es el malentendido más extendido fuera de la comunidad. No se trata de resistencia ni de sacrificio: el dolor buscado dentro de una escena se procesa de forma distinta al dolor accidental, porque llega con contexto, con expectativa y con alguien de confianza al otro lado. Por eso una persona masoquista puede disfrutar una sesión de impacto larga y quejarse, exactamente igual que cualquiera, al golpearse el pie contra una silla.

Tampoco equivale a un deseo genérico de que le hagan daño a uno en cualquier circunstancia. El masoquismo BDSM es selectivo: importa quién lo provoca, cómo, con qué implemento y hasta dónde, y fuera de esas condiciones pactadas el mismo estímulo deja de tener nada de placentero.

La distinción entre buscar sensación y buscar sufrimiento

Dentro del propio masoquismo hay matices que la palabra sola no capta: hay quien busca el ardor superficial de un azote, quien busca el peso sordo de un golpe profundo, y quien busca menos la sensación física que la propia entrega del control. Ninguna versión es más «de verdad» que otra, y mezclar las tres en una sola sesión sin avisar suele salir mal.

Pedir siempre más

Quien empieza a explorarlo a veces cree que el objetivo es aguantar el máximo posible, como si el masoquismo fuera una prueba de resistencia. No lo es: la intensidad que produce placer tiene un punto óptimo, y pasarse de ese punto convierte la sensación en puro dolor sin componente erótico. El subespacio que a veces acompaña estas sesiones llega por la combinación de confianza, ritmo y contexto que rodea al sadismo del otro lado, y no por acumular más sensación: ninguna cifra de golpes por minuto puede sustituirla.