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Mordaza

Objeto que limita el habla de quien lo lleva. Cambia por completo el sistema de frenado de una escena, porque anula la palabra de seguridad.

Seguridad. Nunca con alguien congestionado, con náuseas o que haya bebido. Y jamás dejar sola a una persona amordazada, ni un minuto.

Poner una mordaza no es solo elegir un accesorio: es rehacer el sistema entero de frenado de la escena. La safeword deja de servir en el momento en que la boca no puede pronunciarla, así que hay que sustituirla por una palabra de seguridad no verbal antes de ponerla, nunca después ni sobre la marcha.

Lo que el cine exagera y lo que pasa de verdad

La imagen de la mordaza que anula la voz por completo es de ficción. La mayoría de modelos —ball gag, bit gag, cinta— dejan pasar sonido, y ese gruñido es precisamente el canal que queda para dar la alarma. Conviene acordar de antemano qué volumen o qué patrón cuenta como parar, y no dar por hecho que se entenderá solo.

Un recurso más fiable que el sonido: las manos

Cuando además hay bondage de manos, el sonido deja de ser suficiente porque puede no oírse a tiempo. La alternativa habitual es dar un objeto que se sujeta con los dedos: si se cae, la escena para. Es más lento de montar que acordar solo una señal sonora, pero no depende de que quien dirige esté escuchando en el segundo exacto. Con las manos libres funciona igual dar golpes en el suelo o en el cuerpo de quien dirige, siempre acordado antes.

Cuándo no se pone, sin excepción

Con congestión nasal, náuseas o alcohol de por medio, una mordaza multiplica el riesgo de que una arcada se convierta en algo serio, así que directamente no se pone. Y una vez puesta, la persona amordazada no se queda sola ni un minuto: sin palabra hablada, cualquier problema respiratorio depende de que alguien esté mirando en el momento exacto en que ocurre, no un rato después.