Saltar al contenido
sumisas.net +18

Cuerdas · 5 min de lectura

El nudo que no se hizo

por Adrián Sal · relato de ficción

Contiene

Cuerdas Se detiene la escena Sin práctica explícita

Llevaba dos meses aprendiendo a atar. Aquella noche lo importante fue lo que decidió no hacer.

La cuerda de yute huele a campo cuando es nueva. Eso no lo cuenta nadie. Compré ocho metros en una ferretería y me pasé dos semanas practicando sobre el respaldo de una silla, viendo vídeos y deshaciendo lo que salía torcido.

Cuando por fin le dije a Nuria que quería probar con ella, hicimos lo aburrido primero: hablamos. Cuánto rato. Qué pasa si le pica algo. Dónde estaban las tijeras —en la mesilla, con la punta roma, se las enseñé antes de empezar—.

—¿Y si no puedo hablar? —preguntó.

—Sueltas las llaves.

Le puse un manojo en la mano derecha. Pesaba lo suficiente para que soltarlo se oyera.

Empecé por las muñecas, por delante, que es lo primero que se aprende. Dos vueltas, sin apretar, comprobando que entraban dos dedos entre la cuerda y la piel. Le pregunté el color. Verde. Seguí.

Le subí por los antebrazos, despacio. Verde otra vez. Y en algún punto entre el cuarto y el quinto paso, cuando iba a cruzar por encima del codo para cerrar la figura, me quedé quieto.

No había practicado esa parte. La había visto tres veces en un vídeo y me la sabía de memoria, pero no la había hecho nunca sobre un brazo de verdad. Y justo ahí, debajo de donde iba a apoyar la cuerda, pasa un nervio que no perdona.

—¿Qué pasa? —dijo ella.

—Que hasta aquí sé.

Podría haberlo intentado. Estaba a un paso, ella estaba dispuesta, y probablemente habría salido bien. Probablemente.

Deshice lo que llevaba, en orden inverso, sin prisa. Le froté las muñecas cuando salieron, que también se aprende. Nos quedamos en el suelo con ocho metros de yute enrollados entre los dos y ella me dijo que había sido lo más follable que había visto en su vida, que un tío dijera «hasta aquí sé».

Al mes siguiente me apunté a un taller. Éramos catorce y había una mujer de sesenta años que ataba mejor que nadie.

Ficción. Los personajes son adultos y lo que se narra es consentido. Si algo de lo que lees te ha removido, la sala de la mazmorra está abierta, y las guías cuentan cómo se hace esto en la vida real.