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Dominación · 6 min de lectura

El turno de noche

por Vera Oleiros · relato de ficción

Contiene

Dominación femenina Aftercare Sin práctica explícita

Lo que nadie cuenta de dominar es la parte de después, cuando se apaga la luz y hay que sostener lo que acaba de pasar.

Soy enfermera y hago turnos de noche. Creo que por eso se me da bien esto: llevo quince años calculando cuánto aguanta un cuerpo mirándole la cara.

Con Diego funcionó desde el principio porque él tenía muy claro lo que quería y yo muy claro lo que no. Hablamos tres veces antes de tocarnos. A la tercera me dijo que qué pesada era, y luego, meses después, que gracias a Dios que fui pesada.

De aquella primera vez no voy a contar el medio. Voy a contar el final, que es la parte que no sale en ningún sitio.

Cuando terminó estaba temblando. No de frío. Es una cosa que hace el cuerpo cuando se le retira de golpe todo lo que le habías puesto encima, y la primera vez que lo ves de cerca asusta bastante, aunque sepas lo que es.

Le eché una manta. Le di agua y le hice beber despacio, que si no se atragantan. Me tumbé al lado sin decir nada durante bastante rato, porque él me había dicho que no quería palabras justo después, y eso lo habíamos hablado también.

Al cabo de veinte minutos dijo mi nombre. Mi nombre, no el otro. Ahí supe que ya había vuelto.

Lo que nadie te cuenta es que a mí me pasó lo mío dos días más tarde, un domingo por la tarde, fregando los platos. De golpe, sin motivo, con toda la película en la cabeza y una pregunta muy tonta dándome vueltas: quién te has creído que eres para hacerle eso a nadie.

Se lo dije. Me costó, porque se supone que la que sostiene soy yo. Él me escuchó, me dijo que había sido idea suya, que lo había pedido él y que lo volvería a pedir. Y luego preguntó si quería que hiciéramos una llamada larga cada domingo por si acaso.

Llevamos dos años haciéndola.

La gente cree que el aftercare es la manta y el vaso de agua. La manta es la parte fácil. La difícil es tener a alguien que el domingo por la tarde te pregunte qué tal estás tú.

Ficción. Los personajes son adultos y lo que se narra es consentido. Si algo de lo que lees te ha removido, la sala de la mazmorra está abierta, y las guías cuentan cómo se hace esto en la vida real.